Cornisa. Marquesinas. Paraje. Bicicletas. Piedad. En una pantalla las palabras iban cayendo una a una. Cada palabra sabiamente escogida. Como en cada canción estelar. Ninguna está elegida al azar ni para lograr una rima. Estelares tiene amor por la palabra. Amor por la canción. El cantante Manuel Moretti presentó al menos tres canciones como “esta es una que quiero mucho”.
La primera que presentó diciendo que la quería fue una canción que nunca sonó en las radios pero aún así es un clásico de sus recitales: América. Una de las más emocionantes de toda su discografía que comienza con una frase que conmueve por su honestidad brutal: “Me siento muy solito y muy desprotegido”. Una frase sin metáfora. Sólo un cantante con el corazón en la mano que en este show decidió agregarle un “Gracias por salvarme. Gracias por tenerme en cuenta. Te quiero” a una canción que invita a escupir los pulmones.
“Salió. Después de varios años en los que nada salía, salió”, dijo Manuel en diciembre en La Trastienda. Pero bien podría haberlo dicho en la noche del viernes en la que por primera vez Estelares tocó en el Gran Rex. La excusa fue la filmación de un dvd que muestre la celebración anticipada de los 20 años de la banda que completan Víctor Bertamoni en guitarra y Pali Silvera en bajo. Y, como toda fiesta, tuvo invitados. A los invitados estables (Javier Miranda en batería, Sebastián Escofet y Guillermo Harrington en guitarras y Eduardo Minervino en teclados) se sumaron los Súper Ratones en coros y el cuarteto de cuerdas de Alejandro Terán.
“El primero que nos cuidó”, presentó Manuel al cantante y guitarrista de Los Pericos, Juanchi Baleirón, quien fue el productor de sus discos más populares. Y, mientras Manuel se iba a cambiar su traje blanco y pantalón celeste por una remera violeta y un pantalón rojo, Juanchi la descosió con un solo rockerísimo en De La Hoya. “Para cantar Campanas me puse este pantalón”, anunció Moretti antes de cantar una de sus letras más oscuras (“La esperanza es una invención moral. Es la única defensa ante la verdad que es siniestra y fatal”).
Zas. Zas. Los zas llovían en la pantalla mientras Estelares tocaba la hermosa Playa Unión junto al cuarteto de cuerdas. Luego, Manuel presentó a su admirado Palo Pandolfo para cantar juntos Un viaje a Irlanda. Después, el trío estelar se puso bien al frente para hacer una potente versión eléctrica del tango Camas Separadas. De ahí en más, todos hits, todas canciones imbatibles (hasta Superacción que no fue corte fue recibido con fervor). Moneda Corriente, Melancolía, Tanta Gente, Rimbaud, Doce Chicharras, Cristal, una tras otra. Con el bello El Corazón Sobre Todo se retiraron.
Pero volvieron para los bises, claro. No podían faltar Aire, Un Show (con el “tremendo hacedor de canciones” Ale Sergi de Miranda!) y Un Día Perfecto. Ardimos fue el final de una noche en la que se vio bien la belleza y fue casi igual que ser feliz. Los festejos por los 20 años de Estelares han comenzado. 20 años no es nada porque han sido decentes. 20 años en los que le dieron su vida a las canciones y no se arrepienten. El próximo festejo hagámoslo en el Caesar’s Palace. O en el Luna Park.
(Fotos de Antonella Malachite)
Estelares. Teatro Gran Rex. Viernes 19 de abril de 2013.
lunes, 22 de abril de 2013
lunes, 8 de abril de 2013
Regina Spektor en Argentina: Una vez más con sentimiento
Narices heladas. Dedos helados. La ciudad helada empieza a brillar cuando a las 22:25 ella saluda con un tímido “Buenas noches” en castellano. Ahí nomás canta Ain’t No Cover. Sin otro acompañamiento que los golpecitos que ella misma le da al micrófono. De pie. Un poco encorvada en una postura que muestra fragilidad y dulzura. Entonces, sí, Regina se sienta al piano y toca el tema que abrió su debut en Argentina en 2010: The Calculation, junto a una banda compuesta sólo por teclado, cello y batería.
No hace falta parafernalias en el primer show de Regina Spektor en un estadio argentino al aire libre . Tampoco escenografías lujosas. Regina toca con los ojos cerrados la canción que puede servir como ejemplo de su obra: On The Radio. Allí tiene un detalle gracioso, el de contar que un dj se queda dormido y pasa November Rain dos veces seguidas. Pero también emociona hasta el fondo con su descripción de los ciclos de la vida (“Lo intentás hasta que no podés más”). On The Radio tiene entonces todos los ingredientes del cóctel Spektor: Humor, ternura y mucha emoción mientras hacemos palmas.
Hay humor cuando Regina imita a un gángster italiano en Oh Marcello. Hay risas cuando antes de interpretar, sola con su piano, en ruso, The Prayer of François Villon, Regina sugiere que “googleen” la traducción. ¡Y te emociona aunque no tengas idea de lo que está diciendo! Hay ternura cuando susurra aniñada “te amo, te amo” en castellano como respuesta a los gritos del público. Hay amor cuando canta Call Them Brothers a dúo con su marido/telonero Jack Dishel. ¿O no es amor que dos almas se unan en una misma obra de arte que crearon juntos?
Sin menospreciar a los excelentes músicos que la secundan, Regina Spektor se la banca sola. Con su voz hace baterías (en el infaltable Better) y también disparos (en la nueva All The Rowboats). En la última canción, The Party, imita un solo de trompeta. Cuando abandona el escenario, el público se para por primera vez en la noche para pedir los bises. Vuelve, claro, esta vez con un saquito arriba de su vestido para combatir el frío, que le parece más “divertido” que el calor, según cuenta en tono de confesión. Casi como una amiga. Y si sos un amigo de cualquier tipo, entonces, agarrate un resfrío en GEBA. Vale la pena.
Una ovación recibe al conmovedor Us, que da paso a Fidelity y a Hotel Song, durante la cual Regina se para, toma el cable del micrófono y parece una niña que va a saltar la soga. ¿Ya había dicho que tenía ternura? ¿Y qué tenía humor? Regina se equivoca durante el tema, se ríe y vuelve a empezar. Se sienta al piano para el final con la preciosa Samson mientras varias parejas se besan porque Regina es amor. ¿Y cómo olvidar ese amor? No hay ningún momento para borrar. Los recuerdos permanecerán. Para ver su cara. Para escuchar su voz. Regina es nuestra invitada. Siempre.
(Fotos de David Fernández editadas por Julieta Fernández. ¡Gracias!)
Regina Spektor. Estadio GEBA. Sábado 6 de abril de 2013.
jueves, 8 de noviembre de 2012
Vicentico en La Trastienda: Cambio de Rumbo
Con una almohada. La señora que rondaba los sesenta años estaba parada contra la valla…con una almohada. Fueron pocas las canciones que coreó pero se mantuvo imperturbable durante la hora y media que duró el show de Gabriel Fernández Capello más conocido como Vicentico. No era la única señora en La Trastienda Club. El martes hubo mucho cincuentón que en un recital de Los Fabulosos Cadillacs hubiesen huido del pogo al primer acorde. Pero el cantante que cumplió una década como solista ha logrado no sólo reinventarse como artista sino atraer a un público nuevo y distinto.
Con la religiosa Soldado de Dios, del recientemente editado Vicentico 5, arrancó una lista de temas centrada en sus dos últimos discos: los de la reinvención junto a Cachorro López en la producción. En este nuevo rumbo, la banda se pobló de guitarristas (tres y en algunas canciones, cinco) comandados por el ex Suárez Gonzalo Córdova. El set de vientos y percusión ya no tienen lugar en esta formación que se completa con bajo, batería y teclado.
“¿Se están aburriendo?”, preguntó Vicentico luego del blues arpegiado Fuera del Mundo y el cover de ABBA Sólo Hay Un Ganador, temas que estrenó en vivo en Buenos Aires en este concierto. Bromeó con el hecho de que el público todavía no conociera las letras de las canciones nuevas y con la posibilidad de que le hagan un cacerolazo sino tocaba Matador. La onomatopeya “Chingui Chingui chingui” sumado al gesto de golpear una cacerola fue una constante durante todo el show en el que exhibió un notable buen humor.
Se quitó el saco. Pidió que prendan el aire acondicionado y se quedó sólo con su guitarra acústica para zurdos. “Tengo dos opciones: ¿Siguiendo la luna o Vasos Vacíos?”. La gente gritó en su mayoría por la primera. El estribillo quedó en manos (o en voces) de la concurrencia en un momento de intimidad fogonera. Quizás por la presencia en el público de sus compañeros de Los Fabulosos o sólo porque ya cuenta con suficiente material solista, esta fue una de las únicas dos canciones que haría de su banda anterior.
“¿Hace falta que te diga que me muero por tener algo contigo?”, cantó en una versión de solo piano y voz, más cercana a la versión original de Chico Novarro. Ideal para la señora de la almohada que seguía inmutable. Vicentico como solista ya tiene personalidad propia. Logró interpretar cualquier canción como si fuese hecha especialmente para él. Fue la base para consagrarse ante sus nuevos seguidores: ensamblar con naturalidad la influencia de cantantes populares como Roberto Carlos o Franco Simone pero también la dramática electricidad de Pulp, especialmente en Sólo Un Momento ( la canción y el disco).
El final fue el punto más alto del concierto. La banda reemplazó los vientos y las percusiones propias de La Chilinga de Se Despierta La Ciudad y Tiburón, por una base de sintetizadores y bajo bien al frente que, despojados de todo elemento “latino”, sonaron más cercanos a Blur que a los propios Cadillacs. La banda se retiró y Vicentico tocó Vasos Vacíos acompañado por su hijo Florián en guitarra. La señora de la almohada ya se había despertado luego de un concierto que, en palabras del cantante, fue “único. Bueno o malo pero único”.
Vicentico. La Trastienda. Martes 6 de noviembre de 2012.
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martes, 29 de noviembre de 2011
Carta a George Harrison (Diez años)
¿Sabés qué? El 29 de noviembre de 2001 yo recién me había comprado mi primera guitarra y cantar enfrente de alguien me daba mucha vergüenza. ¿Sabés qué? Todavía faltaba bastante para que algo en su forma de moverse me haga enamorar por primera vez. Así que todavía no había pasado por quizás las dos sensaciones más importantes de mi vida. El amor y la música. Pero ese día (al otro en realidad, porque nos enteramos la mañana del 30) me pasó algo que nunca me había pasado. En un canal de cable estaban pasando todos videos tuyos y cuando pasaron Something me puse a llorar. Nunca había llorado la muerte de alguien que no conocía. En ese 2001 yo me iba a dormir escuchando todas las noches un cassette que tenía Something y I Need You.Una de las primeras cosas que “inventé” en la guitarra era igual a Between The Devil And The Deep Blue Sea. Sí, supongo que sos mi mentor junto con tu amigo Bob. Siempre fuiste mi Beatle preferido. Alguna vez leí que elegir a tu Beatle favorito te definía como qué clase de persona eras. Decía que alguien cuyo preferido es Harrison, “será una persona reservada, curiosa, cínica y retraída.” Una frase tuya ("Fuimos Los Beatles no porque dimos el alma, sino porque dejamos nuestro sistema nervioso central") le da título a uno de mis discos nacionales preferidos. Habla de amor y jardines. Creo que te gustaría.
Cuando yo era muy chico, vi una película que me alucinó y me dejó con sensaciones desconocidas por mucho tiempo. Recién este año me enteré de que vos la habías producido y volví a alucinar. Así como cuando descubrí que You era tuya… se me hizo un nudo en la garganta y tuve que llamar a mi vieja para decirle. Ella la escuchaba todo el tiempo cuando yo era muy chiquito. No puede ser tan hermosa una canción que la mitad de la letra dice solamente “te amo”.
Diez años atrás no sabía si mi amor crecería. Pero crece todo el tiempo. Así que hago de cuenta que me podés leer para decirte que hoy te lloraría más. Pero estoy seguro que no te gustaría. Al fin y al cabo, tu hijo dice que si te preguntaran donde anduviste, dirías que estuviste acá todo el tiempo. Sería verdad. Si cada parte de vos estaba en tus canciones, siempre puedo sentirte a mi lado para recordar que todo debe suceder, que no siempre será así de gris.
miércoles, 9 de noviembre de 2011
Ringo Starr en Argentina: Actuar Naturalmente
(A mi hermana Karen Love you whenever we’re together, love you when we’re apart)
Mandar a volar las butacas del día anterior fue un acierto que le sumó rock a esta noche donde el rock and roll desborda el Luna Park. Después del breve pero hermoso set de Fernando Blanco (merecidísimo telonero, coautor del genial The Beatlend junto a Sergio Marchi), la ansiedad se agiganta. Ringo Starr no viene fácil. No sólo porque esta es la primera visita del Señor de los Anillos a Argentina sino porque se apagan las luces y Ringo no está. La banda comienza a tocar It don´t come easy, incluso canta el primer verso y recién en ese momento Ringo entra…corriendo. Ante la ovación, saluda con sus clásicos dedos en V, toma el micrófono, canta y baila. Antes de Honey Don´t dice “Olé, olé, olé… ¡Argentina!”. En el medio de Choose Love (love, love, love, love) se sienta en su trono baterístico. No al comienzo. En el medio. Esta es una constante en su show, Ringo va y viene de la batería.
En muchos temas Ringo ni siquiera canta sino que cede el lugar a los miembros de la All Starr Band para que muestren aquellos temas por los cuales pasarán a la historia. Así se destaca Rick Derringer (guitarra y voz) con Hang On Sloopy, Wally Palmar (guitarra y voz) con What I Like About You y, sobretodo, Edgar Winter con Frankenstein. Un instrumental de casi diez minutos en donde Winter alterna entre teclado, saxo y percusión. ¡Y Ringo ni siquiera está en escena! Antes de Dream Weaver, hay tiempo para recordar a George Harrison cuando Gary Wright (teclados) cuenta en castellano que conoció a Ringo cuando grabaron en All Things Must Pass y que un viaje a la India con el guitarrista, lo inspiró a componer su canción. La banda se completa con Mark Rivera (saxo y percusión), Greg Bissonette (batería) y Richard Page (bajo). Entre todos, tocan viejas glorias que nadie se imaginó que alguna vez sonarían ante un Luna Park repleto.
Como era de suponer, nada se compara a la euforia que se produce cuando Ringo canta temas que hacía con The Beatles. Dedica I Wanna Be Your Man a todas las chicas y dice que, si no conocen el tema que sigue, están en el concierto equivocado antes de que todo el estadio salte y cante ante Yellow Submarine. Preguntó si alguien quería hacer un pedido y todos gritaban “Octopus’s Garden” (que ya no toca). Pero, justo en ese momento, alguien le tira algo chiquito y Ringo dice “No, no, no”. Queda la incógnita de si la hubiese hecho de no ser por el desafortunado hecho (por no decir “tremendo pelotudo”). Igualmente arrancó con la inmejorable tríada final: Photograph (aquel número uno que compuso con George), Act Naturally (¡la que cantaba presentándose a sí mismo!) y, por supuesto, With A Little Help From My Friends (seguida del estribillo de Give Peace A Chance).
Grandes momentos de rock. Sin embargo, la fotografía que yo me llevo del recital para cuando los años pasen y nos volvamos viejos es la de Ringo sentado a la batería sin tocar ni hacer nada. Derringer se manda un solo de aquellos y Ringo sólo espera. Me recuerda los lugares que solían visitar. Lo veo en el Luna sentado esperando y lo imagino sentado esperando pero en Abbey Road, a que los demás dejen de pelear porque Ringo sigue siendo el predicador del amor y la paz, el que te dice que no importa lo que elijas, que elijas amor. Durante estas casi dos horas y cada vez que su música suena a través del universo logra que olvides el pasado y toda su tristeza. Para lograrlo, todo lo que tiene que hacer es actuar naturalmente.
Ringo Starr and His All Starr Band. Luna Park. Martes 8 de noviembre de 2011.
lunes, 3 de octubre de 2011
Te odio pero te amo

1.Odio que usen como excusa "Me colgué". Colgate de esta.
2.Odio cuando un desconocido de la calle me dice "Querido". Sino me querés, la concha de tu madre...Ah...¿De verdad me querés? Ah...eh...bueno, haceme masajitos
3.Odio que digan la frase ¿Qué parte no entendiste de...? creyéndose unos capos. Yo también vi esa película y sé que no se te ocurrió a vos.
4.Odio cuando la gente se chupa el dedo para dar vuelta una página.
5.Amo saber que en pocos días lloraré viendo la película de Scorsese sobre George y que un mes después te voy a ver en acción.
2.Odio cuando un desconocido de la calle me dice "Querido". Sino me querés, la concha de tu madre...Ah...¿De verdad me querés? Ah...eh...bueno, haceme masajitos
3.Odio que digan la frase ¿Qué parte no entendiste de...? creyéndose unos capos. Yo también vi esa película y sé que no se te ocurrió a vos.
4.Odio cuando la gente se chupa el dedo para dar vuelta una página.
5.Amo saber que en pocos días lloraré viendo la película de Scorsese sobre George y que un mes después te voy a ver en acción.
miércoles, 25 de mayo de 2011
Nada que temer y nada que dudar: Un año sin Lost
Pasaron los meses y uno ya no tenía esa acostumbrada ansiedad de esperar. Ya no había nada que esperar. Ya ha pasado un año sin Lost. Pensándolo fríamente, quedaron muchos enigmas sin resolver, muchas respuestas eran más pequeñas que el tamaño de las preguntas y era sabido que el final no iba a satisfacer las expectativas de todos. Pero pensándolo con el corazón, o sea, sintiendo, el final fue hermoso. 
Odio que digan que terminó en que “estaban todos muertos como en Sexto Sentido” ya que no es así, murieron ante nuestros ojos y nos dejaron ver qué sucedió después de la muerte. Recién ahí pudo haber final feliz. Lost estuvo lleno de misterio y acción pero también estuvo lleno de grandes historias de amor y el final se centró en cerrarlas, en hacerlo bien cursi con reencuentros que ennudecían gargantas. Como dice Pyramid Song: “Todos mis amantes estaban allí conmigo. Todos mis pasados y futuros y todos fuimos al cielo en un pequeño bote de remos. No había nada que temer, ni nada que dudar”. Sí, todos los “losties” tuvieron su final feliz. Charlie y Claire por fin pudieron cuidar a Aaron. Locke pudo volver a caminar. Pero para eso se tuvieron que morir. Entonces antes de despedirse para siempre, Lost, como Radiohead, nos recuerda que hay un mundo mejor. Pero no es este. No es este ni por casualidad.
“Para vivir algo más intenso, más refinado, más sabroso que el discreto sopor de temores y obligaciones llamado habitualmente vida, es imprescindible estar muerto y bien muerto”. Fernando Savater
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