viernes, 2 de octubre de 2015

La vida está bien si no te rindes

- Necesito verte el rostro. Conocerte.
- Nadie conoce a nadie – le decía bajo la penumbra, escondiendo su rostro-.
- ¿Cómo puedes afirmar eso en la era de la Comunicación?
- ¡Celulares! ¡Internet! ¿Cuándo fue la última vez que has mirado a alguien a los ojos?
- Quizás sea una de las razones.
- ¿Una de las razones de qué?
- De que me quiera ir contigo. En el fondo estamos solos en este mar de desconsuelo. Puedes estar frente a una gran sonrisa pero nunca sabes que sucede dentro de su cerebro.
- Venir conmigo es muy fácil. Sólo debes estar dispuesto. Sobretodo convencido. Cuando este avión levanta vuelo, nunca vuelve a bajar.
- Eso es lo que quiero. Dejar la prisión.
- Si quieres dejar la prisión, sólo debes darme la mano. Sino es ahora, será luego. No es necesario que viajes ahora. Quieras o no, deberás viajar. Todos deberán viajar.
Hubo un instante de silencio que pareció eterno.
- Nadie te obliga a que vengas. Percibo tu miedo. Mejor será que me vaya.
- No – le dijo firme-.

Y le tomó la mano. Fuerte. Muy fuerte. Tan fuerte que hizo ruido. El ruido llegó inclusive hasta aquellos oídos que no escucharon. Que no escuchan ni escucharán. Algunos se sorprendieron. La mayoría se hacía preguntas sin sentido. Desconcertados ante un viaje que juzgaban prematuro. Juzgaban. La mayoría hablaba de su muerte. Unos pocos pensaban en que era sólo un viaje en busca de libertad. No sabía donde iba, pero sí lo que dejaba atrás. Pensaban en una despedida. Dura como toda despedida. Y le desearon, no sin llorar, no sin prometerle un recuerdo eterno, un buen viaje. Le desearon un buen viaje.
*ojalá sea como la escondida y el último nos salve a todos..

domingo, 6 de septiembre de 2015

Si me vuelves a abrazar, mañana estaré mejor

Las canciones importantes son las que te abrazan. Y los mejores abrazos son los que llegan cuando no los esperabas pero los necesitabas. El jueves fue uno de esos días tristes en los que necesitaba un abrazo reparador, de esos que te comprenden, de esos que te alivian y te dicen que “todo lo malo que ahora sientes, cambiará”. Y el abrazo llegó de manera inesperada y en aroma de canción.

En tres minutos treinta de Un beso en la nariz se me había ido la angustia del día (porque “todos los humanos necesitamos llorar”) y lo malo se había transformado en algo bueno solamente gracias a música nueva. Porque “nada dice tanto de una persona como la música que escucha”. “Con sólo nombrarme una canción, un músico, un disco con el que te identifiqués me estás diciendo quién sos, qué te conmueve, qué te hace sentir bien”. Me sigue alegrando infinitamente saber que hay otros corazones que laten al mismo ritmo que el mío.

miércoles, 18 de junio de 2014

Toda el agua del mundo

“Si esta realidad no tiene que ver conmigo ya está… no existe”

Es sólo un charco a cruzar, entonces lo quiero saltar, pero no lo esquivo porque se convierte en mar y me comienza a tapar. Estoy desnudo y el mar es cada vez más grande. Me cuesta cada vez más cruzar y hay agua, cada vez más agua, cada vez más gente y el agua empieza a llegarme al cuello. Entonces tengo que nadar aunque no sepa hacerlo. La gente se convierte en un obstáculo. Me comienzo a cruzar con algunas chicas. Las que conozco bien y las que quisiera conocer. Unas me saludan a lo lejos. Otras se ríen de mí. Yo no puedo hablar. Ojalá pudiese pedirles la ayuda que necesito para poder ir más allá, quedarme fuera del camino. Pero estoy sin habla y me desvanezco mientras el agua me tapa.
Entonces despierto y corro a hacer pis. Avergonzado por tener un sueño tan fácil de dilucidar. Pero al instante me doy cuenta que mi cara está inundada de lágrimas y que tengo una angustia que no puedo descifrar. A las cuatro de la mañana pienso que tal vez todavía estoy soñando.
Mientras tengo un llanto de esos que parecen por nada pero son por todo me acuerdo de la última vez que estuve en el mar. La playa estaba desierta. Dejé todo. Mis anteojos, la plata, una mochila, la ropa. No pensé en que podrían desaparecer. Confié. Por primera vez en mucho tiempo confié, corrí y me dejé arrastrar. Me llené de mar y confianza. Me inundé de calma y decidí que ahí se iban a quedar todos mis tormentos de entonces. Dejé todo. Lloré y decidí que mis lágrimas se mezclen con el mar. Decidí soltar. En el agua se quedaría todo lo que me hacía sufrir. Mis fobias, mis vergüenzas, la incertidumbre, la desconfianza, mis miedos, ellas. Todo lo dejé ahí.

Dejé todo. Eso no fue un sueño. Necesito no olvidarlo.


sábado, 24 de mayo de 2014

No se ve bien la belleza. Es casi igual que ser infeliz.

Tantas veces repetía que quisiera deshumanizarse para no sentir tanto. Para no sufrir. Que todo sería más fácil si no sintiese todo tan intensamente. Si no esperara en cada nuevo minuto el milagro que revolucionara su vida en un instante y para siempre. Sino esperara. Siempre esperando lo que jamás iba a venir. Siempre.

Tantas veces lo pidió, que el deseo fue, al fin, concedido por obra y gracia de la maldad en forma de mujer. Había sentido con ella todo tan intensamente que al irse se llevó todo lo que quedaba para sentir. Al irse ella, claro, siempre son ellas las que se van. Siempre.

Y ahora, sí, quedó deshumanizado. Incapaz de sentir cosas nuevas. Por nada. Por nadie. Se acerca peligrosamente a convertirse en una de esas personas que detestaba. Las que piensan solamente en ellas mismas porque, total, las demás siempre te van a cagar. Las que lloran por no poder volver a confiar. Las que perdieron la esperanza. Las que piensan que nunca podrán volver a amar. Nunca.  

martes, 5 de noviembre de 2013

Blur en Argentina: Colapsados en amor (a.k.a Un mate para Graham Coxon)

Una decepción para el público. Una decepción para la banda. No tocaron “Parklife” ni “Country House”. Una descompostura del bajista alex James obligó a que el show terminara pronto. Las sillas que había en el estadio no ayudaron a que el público estuviese más animado. El cantante Damon Albarn usó eso como excusa para justificar que, en 1999, el debut de Blur en Argentina, en el estadio Luna Park, no fuese el mejor. 
A todo aquello lo leí en una Rolling Stone vieja. No estuve ahí. Como muchos descubrí a Blur cuando ya estaban separados. No escuchar hits sino realmente “descubrir”, escuchar todos los discos, preguntarme por qué no lo hice antes. Una vez leí que elegir a tu beatle preferido definía qué clase de personalidad tenías. Esa afirmación se podría extender a Blur. Cuatro personalidades muy definidas y diferentes que sin embargo encuentran su punto en común en la música. Cuando volvieron en 2009 pensar en ver ese show parecía un sueño. Pero, ¿cómo sería la vida si ahora dejamos de soñar? 
Este concierto sería un sueño cumplido. Huele a revancha para fans y para Blur y elijo contarlo en primera persona, contradiciendo al periodismo, porque no fue un recital más sino que excedió mis propios límites. No quiero escribir en tercera persona como si no hubiese ido hasta Ezeiza el jueves (aunque no llegué a tiempo), como si no hubiese esperado muerto de frío, con los pies mojados por la lluvia, desde las cinco de la tarde hasta las seis de la mañana afuera del Sheraton el viernes o hablado con los guardias de Buquebús el domingo para intentar, en vano, hacerle llegar un regalo a ese guitarrista tímido que es mi Blur favorito.
Gran augurio es que suene “Theme for Retro” como presentación para el primer recital de Blur en Argentina en 14 años. Enseguida podemos ver a Damon realizar sus clásicos gestos de saltar y tirar agua al público durante “Girls & Boys”. Pero esta vez no es un video en youtube. Esta vez es acá, en este viejo ex parque de diversiones devenido Ciudad del Rock. “Popscene” fue la primera sorpresa. “There’s No Other Way”, con el bajo hipnótico de Alex y “Beetlebum” (donde Damon se sube al bombo de la batería) se adivinaban como infaltables pero “Out Of Time” de “Think Thank”, el disco sin Graham, es la segunda sorpresa.
Durante “Trimm Trabb” y “Caramel” Blur la rompe. No sólo el baterista Dave Rowntree que toca parado mientras Damon se sienta al piano sino toda la banda que, además del cuarteto, incluye una sección de vientos, coristas y teclado. Un “olé, olé, olé, olé, Graham, Graham” precede a que cante su canción: “Coffe & TV” que suma como coda un pedacito de “Satellite Of Love” como homenaje al recientemente fallecido Lou Reed .
Desde temprano, la gente ya había coreado el “Oh my baby”. Damon hace subir a una afortunadísima chica del público que quería cumplir el sueño de cantar con ellos. Comienza “Tender”. Subo a mi hermana a mi cuello para que pueda ver tan hermoso momento. Ahí ya no aguanto tanta belleza y me largo a llorar. Puedo sentir que mi hermana también llora. La bajo y nos abrazamos. Me guardo algunas lagrimas porque llega “To The End”.   
Enseguida, el momento conmovedor se transforma en pura alegría porque comienza “Country House” con el coro más lindo del mundo: “Blow, blow me out…”. Mientras Damon baja del escenario y se mezcla un poco con la gente, miro a mi costado sonriendo y un desconocido me mira con una gran sonrisa. Junto a otro más me abrazan. Cantamos y saltamos juntos como si nos conociésemos desde siempre. La alegría muta en euforia cuando Phil Daniels comienza sus “Oi, oi” que anuncian “Parklife”. “End of A Century” y “This is a Low” marcan el primer final de uno de esos conciertos que te acompañan para siempre.

Claro que vuelven para que Damon se siente al  piano y toque esa joya que no desentona en ese repertorio de clásicos atemporales, que está a la altura de los mejores temas de Blur, la que dice que el paraíso no está perdido. El “Aleluya” de “Under the Westway” nunca había sonado tan especial. “For Tomorrow” precede a una de las más ansiadas: “The Universal” está acá para todos. Y, para el final, otra vez un momento conmovedor es seguido de uno de euforia en esta calesita de emociones: Damon tira agua mientras Dave toca la inconfundible introducción de “Song 2” con cuenta en castellano. Ahora sí termina la noche en la que donde lo que realmente podría suceder, sucedió. Y nos deja colapsados en euforia. Colapsados en alegría. Colapsados en amor.




Blur. Ciudad del Rock. Sábado 2 de noviembre de 2013.

lunes, 22 de abril de 2013

Estelares en el Gran Rex: El Corazón Sobre Todo

Cornisa. Marquesinas. Paraje. Bicicletas. Piedad. En una pantalla las palabras iban cayendo una a una. Cada palabra sabiamente escogida. Como en cada canción estelar. Ninguna está elegida al azar ni para lograr una rima. Estelares tiene amor por la palabra. Amor por la canción. El cantante Manuel Moretti presentó al menos tres canciones como “esta es una que quiero mucho”.
La primera que presentó diciendo que la quería fue una canción que nunca sonó en las radios pero aún así es un clásico de sus recitales: América. Una de las más emocionantes de toda su discografía que comienza con una frase que conmueve por su honestidad brutal: “Me siento muy solito y muy desprotegido”. Una frase sin metáfora. Sólo un cantante con el corazón en la mano que en este show decidió agregarle un “Gracias por salvarme. Gracias por tenerme en cuenta. Te quiero” a una canción que invita a escupir los pulmones.

“Salió. Después de varios años en los que nada salía, salió” dijo Manuel en diciembre en La Trastienda. Pero bien podría haberlo dicho en la noche del viernes en la que por primera vez Estelares tocó en el Gran Rex. La excusa fue la filmación de un dvd que muestre la celebración anticipada de los 20 años de la banda que completan Víctor Bertamoni en guitarra y Pali Silvera en bajo. Y, como toda fiesta, tuvo invitados. A los invitados estables (Javier Miranda en batería, Sebastián Escofet y Guillermo Harrington en guitarras y Eduardo Minervino en teclados) se sumaron los Súper Ratones en coros y el cuarteto de cuerdas de Alejandro Terán.
“El primero que nos cuidó” presentó Manuel al cantante y guitarrista de Los Pericos, Juanchi Baleirón, quien fue el productor de sus discos más populares. Y, mientras Manuel se iba a cambiar su traje blanco y pantalón celeste por una remera violeta y un pantalón rojo, Juanchi la descosió con un solo rockerísimo en De La Hoya. “Para cantar Campanas me puse este pantalón” anunció Moretti antes de cantar una de sus letras más oscuras (“La esperanza es una invención moral. Es la única defensa ante la verdad que es siniestra y fatal”).
Zas. Zas. Los zas llovían en la pantalla mientras Estelares tocaba la hermosa Playa Unión junto al cuarteto de cuerdas. Luego, Manuel presentó a su admirado Palo Pandolfo para cantar juntos Un viaje a Irlanda. Después, el trío estelar se puso bien al frente para hacer una potente versión eléctrica del tango Camas Separadas. De ahí en más, todos hits, todas canciones imbatibles (hasta Superacción que no fue corte fue recibido con fervor). Moneda Corriente, Melancolía, Tanta Gente, Rimbaud, Doce Chicharras, Cristal, una tras otra. Con el bello El Corazón Sobre Todo se retiraron.
Pero volvieron para los bises, claro. No podían faltar Aire, Un Show (con el “tremendo hacedor de canciones” Ale Sergi de Miranda!) y Un Día Perfecto. Ardimos fue el final de una noche en la que se vio bien la belleza y fue casi igual que ser feliz. Los festejos por los 20 años de Estelares han comenzado. 20 años no es nada porque han sido decentes. 20 años en los que le dieron su vida a las canciones y no se arrepienten. El próximo festejo hagámoslo en el Caesar’s Palace. O en el Luna Park.


(Fotos de Antonella Malachite)


Estelares. Teatro Gran Rex. Viernes 19 de abril de 2013.

lunes, 8 de abril de 2013

Regina Spektor en Argentina: Una vez más con sentimiento


Narices heladas. Dedos helados. La ciudad helada empieza a brillar cuando a las 22:25 ella saluda con un tímido “Buenas noches” en castellano. Ahí nomás canta Ain’t No Cover. Sin otro acompañamiento que los golpecitos que ella misma le da al micrófono. De pie. Un poco encorvada en una postura que muestra fragilidad y dulzura. Entonces, sí, Regina se sienta al piano y toca el tema que abrió su debut en Argentina en 2010: The Calculation, junto a una banda compuesta sólo por teclado, cello y batería.

No hace falta parafernalias en el primer show de Regina Spektor en un estadio argentino al aire libre . Tampoco escenografías lujosas. Regina toca con los ojos cerrados la canción que puede servir como ejemplo de su obra: On The Radio. Allí tiene un detalle gracioso, el de contar que un dj se queda dormido y pasa November Rain dos veces seguidas. Pero también emociona hasta el fondo con su descripción de los ciclos de la vida (“Lo intentás hasta que no podés más”). On The Radio tiene entonces todos los ingredientes del cóctel Spektor: Humor, ternura y mucha emoción mientras hacemos palmas.
Hay humor cuando Regina imita a un gángster italiano en Oh Marcello. Hay risas cuando antes de interpretar, sola con su piano, en ruso, The Prayer of François Villon, Regina sugiere que “googleen” la traducción. ¡Y te emociona aunque no tengas idea de lo que está diciendo! Hay ternura cuando susurra aniñada “te amo, te amo” en castellano como respuesta a los gritos del público. Hay amor cuando canta Call Them Brothers a dúo con su marido/telonero Jack Dishel. ¿O no es amor que dos almas se unan en una misma obra de arte que crearon juntos?
Sin menospreciar a los excelentes músicos que la secundan, Regina Spektor se la banca sola. Con su voz hace baterías (en el infaltable Better) y también disparos (en la nueva All The Rowboats). En la última canción, The Party, imita un solo de trompeta. Cuando abandona el escenario, el público se para por primera vez en la noche para pedir los bises. Vuelve, claro, esta vez con un saquito arriba de su vestido para combatir el frío, que le parece más “divertido” que el calor, según cuenta en tono de confesión. Casi como una amiga. Y si sos un amigo de cualquier tipo, entonces, agarrate un resfrío en GEBA. Vale la pena.
Una ovación recibe al conmovedor Us, que da paso a Fidelity y a Hotel Song, durante la cual Regina se para, toma el cable del micrófono y parece una niña que va a saltar la soga. ¿Ya había dicho que tenía ternura? ¿Y qué tenía humor? Regina se equivoca durante el tema, se ríe y vuelve a empezar. Se sienta al piano para el final con la preciosa Samson mientras varias parejas se besan porque Regina es amor. ¿Y cómo olvidar ese amor? No hay ningún momento para borrar. Los recuerdos permanecerán. Para ver su cara. Para escuchar su voz. Regina es nuestra invitada. Siempre.


(Fotos de David Fernández editadas por Julieta Fernández. ¡Gracias!)


Regina Spektor. Estadio GEBA. Sábado 6 de abril de 2013.